Ojo rojo

El signo clínico que se presenta con más frecuencia en un animal que padece una enfermedad ocular es el “ojo rojo”. Alrededor del 90% de los trastornos oculares es susceptible de cursar con enrojecimiento, que puede aparecer en cualquiera de las estructuras del ojo, desde las más superficiales – como conjuntiva, córnea o membrana nictitante (tercer párpado)-, hasta  las más profundas -iris, vítreo, retina-.

Esto quiere decir que, para llegar al diagnóstico definitivo en este tipo de casos clínicos, es imprescindible hacer un buen examen oftalmológico y poder descartar así toda la serie de posibles enfermedades que pueden estar afectando al ojo de la mascota.

Un error bastante frecuente es llegar a la conclusión de que ese ojo rojo se trata de una  simple conjuntivitis, sin haber hecho un estudio profundo del globo ocular. Esta “inflamación de la conjuntiva”, suele acompañar a otros trastornos más serios, como enfermedades de la córnea, úvea, cristalino, retina, hipertensión ocular, etc.

Ante una situación así,  y dado que algunas de estas enfermedades son graves, se debe solicitar asistencia veterinaria, ya que pueden provocar pérdida de visión y, en ocasiones, están asociadas a enfermedades sistémicas que comprometen la salud general de nuestra mascota.

Tratamiento del ojo rojo

La mayoría de los casos de ojo rojo que se tratan como conjuntivitis, no son simplemente eso.

A tenor de lo expuesto, es evidente que la terapia correcta está en función de un diagnóstico preciso en cada caso. Para alcanzarlo es imprescindible un examen completo del globo ocular, en el que no pueden faltar pruebas, como el test de Schirmer (medición de la producción lagrimal), el test de fluoresceína (que permite evidenciar úlceras corneales) y el control de la presión ocular o tonometría.

Si no se sigue esta pauta, o se medica al animal con “cualquier colirio” que nos recomienden, se corre el riesgo de dañar, a veces de forma irreversible, el ojo, o incluso la visión, de nuestra mascota.